¡Cómo voy a ir a un Psicólogo, no estoy loco! ¿Cuántas veces han oído una frase similar o un pensamiento de este tipo ha pasado por su mente? Es cierto, aún a día de hoy existe la creencia popular de que los Psicólogos trabajan únicamente con aquellas personas que tienen un trastorno mental… Nada más lejos de la realidad. Todas las disciplinas científicas avanzan, y la Psicología no es una excepción. Desde hace unos años una nueva corriente se implanta con fuerza en las consultas psicológicas, la Psicología Positiva, cuyo objetivo es el estudio científico de aquellas variables que hacen a una persona mantener su estado de bienestar y como potenciarlas.
Su historia es bien sencilla. La joven Psicología de principios del siglo XX se topo rápidamente con dos guerras mundiales, y la tasa de enfermedades mentales en aquella sociedad post-bélica fue tan elevada (esquizofrenia, ansiedad, problemas de personalidad, suicidios…) que toda la fuerza de los Psicólogos de aquella época se centro en el estudio y desarrollo de técnicas para tratar dichas dolencias, en detrimento de las variables del bienestar humano.
La Psicología Positiva parte de un concepto básico: la ausencia de patología no es un estado de bienestar y felicidad. No hay dos polos opuestos de patología contra “normalidad”, sino que el espacio que separa dicha línea es el de patología vs. estado positivo.
Por ello, muchos autores, desde hace ya bastantes años, se han dedicado a estudiar cuales son aquellas variables que proporcionan al ser humano un desarrollo pleno, la felicidad y el bienestar. En concreto, se han descubierto ocho variables básicas que afectan directamente en este estado, a saber: la creatividad, la felicidad, el fluir (estado de máxima concentración y disfrute durante la realización de una actividad placentera o hobby), la resiliencia, el optimismo, el humor, la inteligencia emocional y las fortalezas personales de cada uno.
Por otro lado, se han venido desarrollando diversas técnicas y ejercicios que trabajen con dichas variables. Algunas son complejas, otras se pueden realizar en casa cada día. Propongamos “Las Tres Cosas Buenas”, una de las más sencillas. Simplemente dedique cinco minutos al día a escribir en una libreta tres cosas buenas que nos hayan pasado durante esa jornada. Céntrese en cosas mundanas, pero agradables, por ejemplo, la sonrisa que le ha regalado el panadero esta mañana, o el disfrute del café con sus compañeros de trabajo. Pronto verá cómo sus pensamientos se desvían cada vez con más frecuencia de los puntos negativos del día y abre su mente también a aquellos aspectos agradables que muchas veces dejamos pasar por alto.
Y es que la Psicología Positiva intenta abrir nuestro campo de visión y quitarnos la mirada de ese punto negro que nos provoca ansiedad y malestar. Pero no nos confundamos, esta disciplina no es el gran hallazgo de la Psicología, funciona bien sola, pero combinada con más técnicas multiplica sus resultados, como por ejemplo con el Coaching,
Desterremos el tabú de la Psicología solo para “locos”, la Psicología Positiva nos tiende la mano a todos.